Confesiones de un 2 de junio...
Eres una de esas muertas que pueden caminar. Miras tu celular y ves que no te ha llamado... Tienes muchas ganas de llorar y no sabes qué hacer ante la inminente despedida. Sientes un dolor tan fuerte por dentro, que crees no tendrá fin. Luchas para poder mantenerte en pie, para ir a clase, para tratar de ser y no desmoronarte. Sólo quieres llorar y llorar; y sabes que aunque llorando uno se desahoga, la tristeza, tu tristeza, no pasará jamás...
Sientes que los besos, caricias y encuentros amorosos del futuro no te borrarán la horrible cicatriz que yace en tu corazón...
¡Ay 2 de junio que hubieras sido y no fuiste!
No quieres ni pensar que cabe la posibilidad futura de que existan. Perdiste la fe en el amor, no crees en él. Quizás sea sólo algo momentáneo, pero sabes que en tu corazón será eterno.
Te sumerges en el trabajo, tratando de comenzar a olvidar, pero con cada minuto que pasa descubres que no puedes olvidar porque sabes que no podrás.
Tú corazón está herido, con un inmenso dolor a punto de explotar. Te preguntas cómo vives, cómo sigues, y es que eso tiene fácil respuesta: Sólo vives, sólo sigues...
¿Qué pasará? ¿Qué será? ¿Cómo harás? Sólo sabes que será un día a la vez...
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