Respeto a la edad, en especial a los ancianos...


Ayer estuve con mi madre acompañándola al médico en un centro de salud de la ciudad. Mientras esperábamos para ser atendidas por el doctor, estaba en espera, con dos de sus hijas una paciente de edad avanzada. Una era la que se encargaba de llevarla de un sitio a otro, mientras la otra hacía todos los trámites de lugar. Ambas trataban a su madre muy bien y fueron muy educadas y amables con ella. A pesar de que la señora estaba enferma, me gustó ver que sus hijas cuidaran bien y con amor de ella.
Me puse a pensar que es graciosa la manera en la que transcurre la vida; comienzas siendo niño, y al final, si eres de esos que tienen suerte, vuelves a ser un niño. Sólo que en esa segunda etapa de niño, algunas personas no le ven la gracia a que derrames la comida. Saben quizás que no puedes valerte por ti mismo, que casi no puedes o que simplemente no puedes cuidar de ti y se molestan al tener que cuidarte. Una de las características de las que adolecemos muchos seres humanos la constituye la ingratitud. Nos molesta cuidar de nuestros ancianos, cuando ellos tan amorosamente cuidaron de nosotros en nuestra niñez. Los vemos en la calle y no los tratamos con el debido respeto que su avanzada edad y falta de fuerzas merecen.
Quisiera que cada uno de nosotros reflexionara debidamente sobre este tema. Si tenemos abuelos o conocidos y hasta amigos que son ancianos, o que están en edad avanzada, pasemos tiempo con ellos, escuchemos lo que tienen que decir, ayudémoslos... Tratémoslos con respeto, que es lo mínimo que ellos merecen... Porque hay una voz en el fondo, en el interior de ese anciano, que reza: "Lo que eres fui y lo que soy serás"...

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