Y... ¡Por fín!
Me atreví a usar aquellos pantalones que compré desde hace meses y que por un millón de absurdas razones no me había puesto... Son de esos pantalones floreados que aún siguen de moda y que generan reacciones encontradas en los espectadores, lo que me resultó en el día de hoy baaaaastante gracioso.
Y ese es el punto, atreverme... Eso me falta en la vida... Y creo que nos sucede a muchos... A veces, corrección, SIEMPRE ES NECESARIO ROMPER VIEJOS CÓDIGOS Y QUEBRAR MIEDOS... Eso es parte de la lección que aprendí en el día de hoy.
Me sentí divina, diferente... Sentí hasta que me retaba a mi misma... Me resulta gracioso lo fácil que es para mi halagar a mi clase, es decir, elogiar los atuendos de otras damas hasta desconocidas; sin embargo, fue muy poco el elogio femenino que recibí... Sobre todo de esas a quienes en la oficina suelo halagar cuando se ven bien... Hay un grupo específico que es así y al que créanme, definitivamente y muy probablemente no volveré a halagar más, porque su creencia de que sólo pueden ser ellas las que se vean bien no les permite admitir cuando otra se ve bien... ¿Por qué nosotras mismas suicidamos nuestra clase? Es una pregunta que no he parado de hacerme desde hace años, que sé que es cliché y para la cual probablmente NUNCA encuentre respuesta.
Pero Dios, ¡adoré el efecto de esos pantalones! Algunas me halagaron pero con envidia subyacente, otras de buena fe, otras sólo me miraban entre incrédulas y escépticas y con un miedo y un arte interno impresionante para jurar que nunca usarían esos pantalones porque los consideran ridículos... La verdad es que todo lo sentí, lo bueno y lo malo... Pero en serio, SÓLO HICE CASO DE LO QUE YO SENTÍ.